
Ayer, 9 de julio, visité el campamento de jóvenes de la parroquia San Roque para dar una charla y un taller sobre autoestima a los muchachos que participan en él.
Les hablé de cómo todos crecemos con heridas emocionales. Muchas veces vienen de mensajes negativos que hemos recibido de nuestro ambiente, aunque quienes nos los transmitieron nos hayan podido querer de verdad. El problema es que acabamos interiorizando esos mensajes. Acabamos creyéndonoslos, y construimos sobre ellos una imagen de nosotros mismos que no es la verdadera.
A esto se suma el mundo en el que están creciendo, donde la comparación con los demás está a la orden del día gracias a las redes sociales. Esa comparación constante va dejando una autoestima muy herida en tantos jóvenes, y también en tantos adultos.
Para sanar esa herida hace falta mirarnos desde la mirada de Dios. Darnos cuenta de que somos llamados por lo que somos, no por lo que rendimos ni por lo que los demás opinan de nosotros. Dios es la fuente de la autoestima, porque su amor no depende de nuestros logros ni de nuestra imagen. Simplemente nos ama.
Terminamos con una oración para pedir la sanación de las heridas emocionales de cada uno. Fue un momento especial y muy bonito, dejarnos poner bajo la mirada de Dios en silencio, con toda sencillez.
Gracias a todos los que hicisteis posible este encuentro, y a los muchachos por su apertura y su confianza.
